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jueves, 30 de junio de 2011

ESPEJISMOS

Algunas imágenes del pasado contrastadas con otras actuales. Es muy dificil pensar que en esos lugares existió algo parecido.

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sábado, 4 de junio de 2011

UN PASEO POR UNA CALLE DE LA CIUDAD LINEAL. Realidad o fantasia.

Yo no sé. si fue con los ojos de la imaginación ó con los ojos de la realidad, pero te aseguro, lector querido, que he visto en nuestra «Ciudad Lineal» una calle completamente terminada que llamó poderosamente mi atención por ser la primera que veía Urbanizada en toda su extensión, por lo cuidada que se hallaba; por lo linda, lo limpia, lo alegre y lo artística que era.
En ella no había solares. Mejor dicho, había, si, tres ó cuatro solares aún no urbanizados, pero sus dueños con muy feliz acuerdo los habían cercado y los habían preparado para la urbanización plantando árboles y flores, de manera que más que solares venían á ser jardines que servían de adorno a las casas inmediatas y que á su vez se aprovechaban de ellas para lucirse y resaltar más.
Era una calle transversal que tenía la entrada por la calle principal y que ascendía en suave pendiente hasta terminar en una calle lateral paralela a aquélla. No recuerdo su nombre ni su situación, pero sé que no estaba muy lejos de Chamartin. Desde uno de sus extremos, el más elevado, se gozaba de un hermoso paisaje formado por Madrid á la izquierda, contemplado á vista de pájaro; Chamartín con su lindo pinar, en el centro; y á la derecha algunos pueblos vecinos. En el fondo y á lo lejos completando el cuadro el hermoso é. imponente Guadarrama destacando sus picachos coronados de nieve sobre el azul purísimo del cielo. Hermoso paisaje disfrutado en una deliciosa mañana de primavera tan agradable en nuestro Madrid, cuyos alrededores perderían pronto la mala fama que tienen de áridos, de monótonos y de feos, si todos nos cuidáramos un poco más de hermosearlos y enriquecerlos. 

Un tramo cualquiera de la Ciudad Lineal.
 
La calle que tanto llamó mi atención tenía 20 metros de anchura; estaba plantada con cuatro hileras de árboles, unos de hoja perenne y otros de hoja caduca, predominando entre éstos los castaños de Indias que son tan frondosos y las acacias que tan lindas son cuando estañen flor. Era una calle corta que tendría unos 300 metros de longitud y en la que no habría mas de una docena de fincas construidas, las cuales fueron para mi una sorpresa grande y muy grata, por el gusto delicado con que habían sido edificadas y por la variedad de las mismas, que me hizo creer por algún momento que se trataba de un negocio emprendido por algún capitalista ó por alguna sociedad que hubiera adquirido todos los terrenos de una calle y los hubiera urbanizado confines de explotación industrial, edificando hoteles de distinto precio, de distinto tamaño y de diferente estilo para luego revenderlos ó alquilarlos.
Pero no era así. La urbanización de aquella calle terminada obedecía al acuerdo do todos los propietarios de la misma los cuales se habían comprometido á edificar dentro del plazo de un año, cada uno según sus gustos y sus recursos; unos para vivir ya en la «Ciudad Lineal», otros para pasar en ella temporadas, otros para vender; todos para aumentar el valor de sus terrenos gracias á su propio trabajo y á la cooperación de los demás.
Digo mal; todos no, pues dos ó tres propietarios de lotes allí enclavados, ó por no tener recursos, según decían, ó por egoísmo y apatía, según otros, pensaban, se habían negado á hacer obra ninguna, ni siquiera de cerramiento y plantación de arbolado. Pero los demás, con habilidad y paciencia consiguieron comprar ó permutar aquellos lotes y entonces pudieron llevar adelante sus propósitos de trabajar en continuo para urbanizar por completo aquella calle ¿Quieres acompañarme, lector amigo, á visitarla? Si me acompañas acaso tú también puedas verla á poca imaginación que poseas ó á poca habilidad descriptiva que yo tenga.


 Esta primera finca, entrando á la derecha y que forma esquina con la calle principal, se llama, como ves, Villa Aída, De la propiedad del nombre dan testimonio su fachada, ó mejor dicho, sus fachadas, pues que la casa tiene dos, una á la calle principal y otra á la calle transversal. Las dos muy lindas y las dos del más puro estilo egipcio, copiadas á lo que veo de las hermosas decoraciones que se hacen en nuestro teatro Real, cuando se representa la ópera del inmortal Verdi. Observa qué original, qué apropiada y qué lindísima es esta despejada avenida de 20 metros que desde la calle conduce á la casa, con sus diez esfinges, cinco á cada lado del camino, á semejanza de los que el pueblo egipcio colocaba alo largo de las vías que conducían á sus templos. La fachada principal reproduce el pórtico del templo egipcio del acto 3.° haciendo muy buen efecto las ocho columnas polícromas que en él hay coronadas por capiteles que producen flores de loto y los lindos adornos y rematen en colores muy vivos. La fachada lateral reproduce en parte la fachada principal del templo de Louqsor sencillísima como ves, pero siendo de notar en ella, esos bajo relieves con escenas funerarias. No me negarás que el dueño (según mis noticias gran admirador de Verdi) ha tenido gusto con la construcción de ese hotelito en el que el arquitecto con gran habilidad y sentido estético ha sabido, evitar el principal defecto de la arquitectura egipcia; la pesadez, la falta de esbeltez y elegancia de las construcciones.
El propietario de este hotel es hijo de un rico comerciante de Madrid. Ha viajado mucho, es persona de gustos muy delicados y ha recibido de su padre como regalo de boda esta lindísima Villa Aída, cuyo interior en pisos, en escultura y en pintura recuerda también a la ópera italiana dé la que lleva el nombre. Los que tienen la dicha de poder vivir durante esta época en la «Ciudad Lineal», dicen que es un encanto pasear de noche “a un clair de Iune”  por delante de ese hotel en el que con frecuencia se tocan al piano y se cantan trozos escogidos de Aída. . 

 
Este otro hotelito qué sigue, se llama El hórreo, dándole nombre ese bonito cenador, en forma de hórreo que hay á un lado del jardín, bastante grande y bastante bueno que rodea la casa. Esta es, como verás, sencilla pero grande y muy cómoda. En ella suele pasar algunas temporadas un rico americano asturiano) que de su hermosa tierra ha querido traer el hórreo como pintoresco adorno para esa finca.
Al lado de El hórreo hay uno de esos solares de que antes he hablado, convertido en jardín y en huerta. El  jardín notable por la variedad de sus rosas y la abundancia de sus Violetas y  la  huerta célebre por sus hermosos cerezos y por sus sabrosos albaricoqueros en espaldera. Las rosas del jardín que son muy lindas, palidecen de envidia cuando vienen las hijas del dueño de la finca, que suelen venir casi todas las tardes con algunas amigas á tomar leche, á coger flores y frutas y jugar al lawn-tennis en el espacio reservado para la casa. La finca, con la casa que en ella se edificará en su día, dicen que será la dote de la primera hija que se case. Con dote y sin dote puedo asegurar que cualquiera de esas dos niñas merece la pena de pasar el Rubicán.
Villa Ghimel. Este es el nombre, raro por cierto, de la casa inmediata. Preguntando á un amigo mío con puntas y ribetes de erudito, he sabido que ese nombre significa abundancia, plenitud, y que es el título de una de las partes de un salmo de la Sagrada Escritura. La casa es, como puedes ver, preciosa, de puro estilo gótico con hermosos balcones y ventanales, con una linda crestería alrededor de toda la azotea, y con una hermosa balaustrada que sirve de antepecho á la amplia terraza.
De su fachada principal, lo que más llama la atención es la puerta monumental formada por dos arcos trilobados y dividida en dos partes por un pilar ricamente esculpido. Sobre ella se extienden ojivas concéntricas apoyadas en hacecillos de lindísimas columnas, coronadas por preciosos capiteles y adornadas por ramos de follaje. Sobre el tímpano campea el escudo señorial del dueño de la finca. Esta puerta es una reproducción simplificada de la portada de la Iglesia de San Pablo en Úbeda. Si te fijas un poco, verás que esos dos grandes y magníficos balcones de la fachada principal, que corresponden al salón y al despacho de la casa son copia exacta en dibujo y en proporciones de unas hermosas tribunas qué hay en el interior de la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. La crestería que rodea la parte superior de la casa y que parece de piedra es de cemento y está tomada de nuestra riquísima joya del arte gótico, la Catedral de Burgos. 

Portada principal de la iglesia de San Pablo en Úbeda.
              Las ventanas que corresponden al despacho y al comedor y que dan a una de las fachadas laterales, están adornadas con una clase de papel que imitan muy bien y a muy poco precio las vidrieras en colores que se ven en nuestras Catedrales y en algunos palacios antiguos. Pertenece esta casa á un rico tradicionalista de Úbeda y que figuró mucho en la última guerra civil, el cual ha querido rendir culto á lo pasado al hacer su casa, sin disputa una de las más artísticas y de las más hermosas de toda nuestra «Ciudad Lineal». Contemplémosla por última vez y antes de marcharnos fíjate en este cartelón que hay sobre la hermosa y ancha puerta de hierro de la entrada. Al lado del nombre de la flaca tienes unos signos en hebreo que significan “Schalon lach” que quieren decir paz  ti, siendo un saludo para todo el que va a la casa. 
           Los extremos se tocan. Al lado de villa Ghimel, la casa de un católico á macha martillo, tenemos villa Electra, la casa de un republicano furibundo, gran admirador de Galdós en honor al cual y en memoria de su célebre obra dramática ha puesto ese nombre á su hotel. La casa de ladrillo tosco, sin revocar ni pintar, es sencilla y pequeña y no tiene más que un solo piso, pero está hecha de modo que el día en que su dueño quiera gastarse el dinero pueda agregársele fácilmente otro piso. A pesar de sus ideas tan exaltadas y tan contrarias, esos dos vecinos, el dueño de villa Ghimel y el dueño de villa Electra viven en perfecta armonía y pasan muchos ratos el uno en casa del otro discutiendo pacíficamente sistemas y doctrinas. Lo cual extrañará a muchos; no á mí que sé lo poco que suponen las teorías y las ideas cuando se albergan en personas de corazón sano y de sentimientos honrados.
           Yo no sé, lector querido, si hacerme eco de lo que se dice respecto á esta otra casa, última de la hilera de la derecha á que ahora hemos llegado, porque no quisiera escandalizarte, si eres algo escrupuloso, ni quisiera levantar falsos testimonios si no es verdad lo que se asegura. Por otra parte, puesto que hago de cronista debo ser fiel y contar todo lo que sepa.
           En fin, y con toda clase de reservas y de salvedades te contaré que según se dice esta casa que no es fea, aunque sin nada notable en su fachada, toda ella de ladrillo fino, que lleva por titulo “La chulapa” con su jardín tan coquetón y tan bien cuidado en el que hay flores en todo tiempo, pertenece á un rico muchacho andaluz, muy dado al flamenquismo y célebre por sus ocurrencias y por su esplendidez. Se dice también que en esa casa se celebran generalmente de noche durante el verano, francachelas de 8, 10 ó 12 personas siempre números pares y que entonces puede oírse desde la calle mucho rasgueo de guitarra, mucho repiqueteo de castañuelas, mucho cante jondo cantado por voces femeninas, taponazos de Champagne. Y ruido y algazara en confusión como dijo el poeta. Como me lo contaron te lo cuento. Juzga lo que te pareciere.

Continuara....

(Relato extraido de la revista la Ciudad Lineal del 30 Julio de 1903)