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sábado, 29 de marzo de 2014

¿POR QUÉ ARTURO SORIA?

El próximo lunes 31 de marzo se estrena el corto documental ¿Por qué Arturo Soria?" en la Sala Berlanga, antiguo cine California en la calle Andrés Mellado 53. Dirigido por Antonio Peláez y producido por Amparo de Santisteban, el cortometraje (de 22 minutos) hace un recorrido por la vida de Arturo Soria y sobre todo por su gran obra: la Ciudad Lineal. 
Muchas gracias a Antonio y Amparo por la oportunidad que nuevamente me brindan en este proyecto que seguramente suponga otro éxito en su carrera.


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domingo, 15 de septiembre de 2013

YO VIVÍ EN LA CIUDAD LINEAL 2ª parte. (José Alberto Lorenzo)



Mi nombre es José Alberto Lorenzo y aunque en realidad mi estancia en aquella ciudad fuese muy corta y efímera jamás olvidaré las tardes de estío que en ella viví.
Corría el año 1942 cuando mis dos hermanos y mi hermana fuimos por primera vez aquella casa de la Ciudad Lineal en la que residía un tío segundo de mi madre, Francisco Ruiz Fernández, al que nosotros llamábamos Paco, con su hermana Josefa (Pepa) ciega desde los seis años y que había quedado al cargo de él tras la muerte de sus padres.   En este menester le ayudaba otra tía de mi madre Consuelo (Telo) a la que nosotros teníamos gran aprecio, por ser una mujer muy simpática y emprendedora, además de progre para la época.
El caso es que en aquel hotelillo en el que los  tíos de mi madre vivían no era de su propiedad sino que residían allí por un acuerdo al que habían llegado con su dueño el que resulto ser José María Jarabo Guinea.

Llegados a este punto y si el lector es fiel a este blog se habrá dado cuenta que esta finca a la que nos referimos era “La Rosaleda”, sita en el antiguo nº 305 de Arturo Soria y a la que dedicamos el capitulo “José María Jarabo, el asesino de la Ciudad Lineal.”
Efectivamente y como relatamos en aquella ocasión la finca situada en la manzana 86 entre las calles del Marques de Urquíjo (Lorenzo Solano Tendero)  y Marques de Torrelaguna (Estrecho de Mesina) fue adquirida por el ilustre abogado don José María Jarabo Guinea en el año 1928 a otro propietario, y fue allí donde la familia paso la guerra civil hasta que en 1940 se trasladaron a vivir a Puerto Rico.

Es en ese momento cuando los tíos de mi madre se trasladaron allí quedando a cargo de la finca debido a que el tío Paco se casó con una viuda que tenía dos hijos, José Manuel y María Teresa, y esta última era la esposa de José María Jarabo, el padre del asesino. Así pues realmente no eran familiares, sino simples amigos que pactaron de mutuo acuerdo que ellos permanecerían en la finca hasta su retorno de las Américas.


El tío Paco y Mª Cañal Texido abuela de José Mª  Jarabo.


Es entonces cuando yo comencé a pasar los veranos allí, desde que era un bebé hasta los ocho años cuando José María Jarabo (hijo) volvió de Puerto Rico y reclamó la propiedad de la finca. Corría el año 1950 y con un poder notarial de su padre José María obligó a las tías Telo y Pepa a abandonar la casa, trasladándose estas a Reinosa de donde eran originarias. En mi estancia en aquella casa no coincidí con Cuqui (era así como nosotros llamábamos a Jarabo hijo) nada más que en una ocasión, cuando se presentó en la finca con dos amigos. El que tendría por aquel entonces veintitantos años, y entraba y salida de la vivienda que en realidad era de su propiedad cuando le venía en gana a pesar de que en ella residían los tíos de mi madre y nosotros que pasábamos con ellos el verano. Subió al desván de la casa con sus colegas y yo les seguí sin que se dieran cuenta, aquella gigantesca habitación estaba llena de juguetes inconcebibles en aquella época, trenes eléctricos, juegos de mesa, e incluso un pequeño organillo. Cuqui se acercó a una de las paredes y sacó uno de los ladrillos de los muros, tras él escondía unos libros y una pistola; yo salí corriendo escalera abajo tratando de olvidar lo sucedido aunque sinceramente no creo que la pistola fuese real.

                              
El famoso Cuqui en octubre de 1940 y el recordatorio de su primera comunión.

Poco después de aquel suceso mi familia abandono la casa y no supimos más de él hasta que nos enteramos del múltiple asesinato a través de las noticias. Antes de su ejecución su madre volvió a España y paso unos días en casa de mis padres. Ella siempre negó que su hijo fuese un asesino, pero él mismo lo confesó. Tras su muerte su madre encargó unos recordatorios y volvió a Puerto Rico, nunca jamás tuvimos más noticias de ellos.

                      
   Recordatorio de defunción de Cuqui.

Aquí acaba la historia de Jarabo pero no la mía, ya que durante los ocho años que yo pasé en aquella casa disfruté de algo muy especial y que jamás podré olvidar.

 
  Maravillosa imagen de la casa en construccion incluida en la coleccion de postales publicadas por la CMU. 
Obsérvese el detalle del error tipográfico de la manzana cuando en realidad era la 86.
Imagen cedida por la Coleccion KLUMPCOL 


Recuerdo perfectamente la finca, con su gran puerta de hierro y el numero 305 esmaltado en color azul y blanco. A la derecha quedaba el garaje, y la izquierda la casa de servicio que en aquella época estaba deshabitada. Junto a la casa de servicio existía un corralito con alambrada en el que había varios edificios destinados a conejeras y gallineros. Un largo pasillo adoquinado conducía al visitante hasta una preciosa rotonda donde se había plantado una palmera, a ambos lados multitud de arboles, plantas y flores que formaban macizos remarcados por una preciosas piezas de cerámica de colores. Al fondo entre la vegetación se levantaba la casa, de dos plantas y con un precioso porche de entrada.


Impresionante imagen de la finca la Rosaleda antes de ser propiedad del Sr. Jarabo allá por los primeros años veinte.


       
Dos aspectos del jardin. Se parecia el detalle de la plazoleta que rodeaba a la gran palmera y un aspecto de la casa, observeseen la imagen  que el balcon del piso principal que era originalmente de madera fue sustituido por otro de hierro más resistente.

Una escalinata con barandilla de madera daba paso al gran porche que daba entrada a la casa, estaba solado con baldosín de colores y resguardado bajo un tejadillo.  La casa era verdaderamente grande, más aún cuando uno es tan pequeño. Traspasando la puerta de entrada se encontraba el hall desde donde partían todas las dependencias de la casa, y al fondo las escaleras. El gran salón comedor era la zona más misteriosa y privada de la casa, allí no pasábamos casi nunca, recuerdo una gran mesas de comedor y un gramófono de bocina en uno de sus laterales.


  

Han pasado casi setenta años pero aún recuerdo aquella escalera y a mi perrillo que terminó enterrado en el propio jardín de la casa.



La planta superior estaba dividida en cuatro dormitorios, un espacioso cuarto de baño y un gran armario ropero. Yo dormía junto a mis hermanos en la habitación que quedaba sobre la puerta de entrada y que en realidad servía de paso para el resto de las dependencias. En realidad yo era muy pequeño y no recuerdo perfectamente la distribución de la familia pero sí que mis tías dormían en el dormitorio más grande, el del balcón y en el no entré más de dos o tres veces. En la planta superior se encontraba la buhardilla que fue donde ocurrió la anécdota de Cuqui y que ya os he relatado.


Casi todo el tiempo que yo pasé en aquella casa trascurrió en aquel maravilloso jardín en el que corríamos y trasteábamos. La parte trasera de la finca colindaba con un inmueble que en tiempos había sido el colegio de María Teresa y donde la hermana de Cuqui y el mismo habían cursado sus estudios de primaria e incluso tomado la primera comunión. Tras en el inmueble se estableció Auxilio Social, donde se educaba y recogía a centenares de niños que habían quedado huérfanos tras la contienda. Batalla de Brunete fue el nombre que adopto este refugio y donde cada día centenares de niños salían al recreo a jugar con una cochambrosa pelota. Mis hermanos y yo les mirábamos  desde lo alto de la tapia, todos iban ataviados con uniformes y su cabeza estaba muy escasa de pelo. Cuando nos veían y a espaldas de los profesores y tutores nos arrojaban piedras seguramente por envida de aquellos juguetes que lucíamos, e incluso en alguna ocasión vimos cómo les “sacudían” por desobedecer sus órdenes. Un día el maltrecho balón voló sobre la tapia y cayó en el jardín, mis hermanos y yo nos quedamos parado y confusos, mi hermano sin pensarlo chutó la pelota y volvió a traspasar la barrera que nos separaba. Al momento una enorme algarabía nos dio las gracias por la devolución y además nunca más nos volvieron a arrojar piedras.

Patio de recreo y algunas de las clases de la parte posterior del Auxilio Social Batalla de Brunete. En el margen superior izquierdo se ve al tranvía circulando por la calle principal, y la parte inferior era la que colindaba con la finca la Rosaleda.

También recuerdo el haber ido con la familia a comer al bar “La Juanita” que se encontraba muy cerca de nuestra casa, en la misma calle del Marqués de Torrelaguna esquina con el camino de la Cuerda y donde degustábamos unas maravillosas paellas.

Cuando mis tías salieron de aquella casa ni yo ni mi familia volvimos a pasar por allí.




Las tias Telo, Pepa y Teresa en Reynosa.

Despues pasó el tiempo y las tias que habían vuelto a Reynosa fueron falleciendo. Olvidé aquella casa durante muchísimo tiempo y no fue hasta los años 70 cuando trabajaba en las cercanías cuando me decidí a acercarme hasta allí para ver si aún seguía en pie. Efectivamente el edificio estaba allí, y no pude resistir llamar al timbre para intentar ver la finca. Al contrario de lo que el lector podría pensar atendieron a mi llamada y es más, me invitaron incluso  a pasar y visitar la vivienda. Todo parecía estar en su lugar, el tiempo se había detenido en aquel chalet de mi infancia. La casa se había reformado, al parecer el propio Cuqui había encargado una reforma completa de aquella casa antes de que se la embargaran.


Lo más llamativo y horrendo de aquella reforma era el baño de la planta principal que había sido alicatado por completo en mármol negro, y en el que su propietario se había gastado una desacertada fortuna. Desde luego aquel día volvieron a reavivarse mis recuerdos. Pensé mucho tiempo en ello pero los avatares de la vida fueron dejándolo en un tercer plano hasta prácticamente olvidarlo.
Los años siguieron trascurriendo y tuve noticias de que la finca se había vendido y la casa derribado, en su lugar un edificio de viviendas borraba por completo mis recuerdos de niñez.
El último contacto con estos recuerdos y además uno de los más intensos llegó no hace muchos años cuando sufrí una aneurisma cerebral de que muy pocos pensaron que me recuperaría. Durante mi estancia en la UCI de aquel hospital y durante más de un mes no dejaba de pensar en mi niñez y en aquella casa que desde luego hizo meya en mi infancia y que jamás podré olvidar aunque ya solo sea un recuerdo.

Hace algunos meses vi el artículo de Jarabo en internet y nuevamente florecieron con más fuerza mis recuerdos que conté al autor de este blog para que todos pudierais disfrutar de ellos.

Mi mas sincero agradecimiento a José Alberto Lorenzo por sus memorias y recuerdos y a Juanjo y Yolanda por su aportación gráfica.



martes, 10 de septiembre de 2013

¿POR QUÉ ARTURO SORIA?

¿Por qué Arturo Soria? es un reportaje dirigido por Antonio Peláez Barceló y producido por Amparo Santisteban en el que se profundiza en la vida del genial personaje y se a ahonda en su gran sueño, la Ciudad Lineal.

Este  tráiler es un adelanto del cortometraje de 22 minutos en el que se repasa la historia en manos de personas que han seguido sus pasos, sociólogos, arquitectos, historiadores, catedráticos e incluso familiares del propio personaje, y en el que yo también he participado aportando mi pequeño granito de arena.

Es por ello que debo estar sinceramente agradecido a Antonio Peláez y Amparo Santisteban por haberme dado la oportunidad de rendir en cierta manera este pequeño homenaje a la persona de Arturo Soria.

Desde aquí les deseo muchísima suerte con el proyecto.

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miércoles, 5 de junio de 2013

FERIA DEL LIBRO

Nuevamente la editorial "La Librería" me brindó la oportunidad de acompañaros este año en la Feria del Libro de Madrid, donde estuve encantado de charlar un rato con todos vosotros y dedicaros los ejemplares mis libros "Un paseo por la Ciudad Lineal" y "Cines de Madrid".







domingo, 23 de diciembre de 2012

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL CINE CIUDAD LINEAL



Una imagen tomada desde el propio edificio del cine Ciudad Lineal donde se ve el cruce de  las calles Arturo Soria (tranvía) con la carretera de Hortaleza, actual López de Hoyos, (autobús).

En el año 1959 la Ciudad Lineal aún era un tremendo barrizal donde tan solo algunos tramos de su calzada habían sido asfaltados o adoquinados. El cruce de la antigua Carretera de Hortaleza con la Calle de Arturo Soria era uno de esos puntos donde el transito era mayor, sobre todo por las gentes de los barrios de Hortaleza y Canillas. Allí, donde el límite de los taxis cambiaban de zona y en un lugar de creciente remodelación, se construyó un nuevo cine que llevaría anexo una sala de fiestas, el Cine y Club Ciudad Lineal.

Nuevamente aparece en nuestro camino la familia Reyzábal, en este caso el cinematógrafo será propiedad de Milagros, una de las hijas de don Julián Reyzábal (abuelo), uno de los clanes con más locales de espectáculos en la capital y que vivirán de este negocio generación tras generación.
El proyecto fue llevado a cabo por el afamado arquitecto vasco José Luis Sanz de Magallón que tomará mucho más renombre al cabo de los años cuando se dedica no solo al mundo de la arquitectura, sino también al de la pintura, siendo premiado por ello en varias ocasiones, y que trabajó con la familia Reyzábal en varias ocasiones.

En unos terrenos hasta el momento despoblados pertenecientes a la manzana 79 de la obsoleta Ciudad Lineal y colindando con un antiguo hotelillo conocido como Villa Sol, se levantó este nuevo inmueble de cuatro alturas destinados a viviendas con fachadas a tres calles, López de Hoyos 305, Arturo Soria 195 y Vicente Muzas 12.

Una imagen de los años 60 donde se ve el emplazamiento del inmueble.

Detrás del bar Jacinto, al otro lado de López de Hoyos y a la izquierda del solar que se ve, se levantaba el Cine Ciudad Lineal, en la parada 10 del tranvía.

Había muchísimo desnivel entre la calle de Vicente Muzas y la de López de Hoyos, unos 3,50 metros aproximadamente, lo que facilitó la construcción de la sala de fiestas.

El edificio de viviendas era realmente casi todo fachada, ya que la gran parte del solar estaba invadido por el patio de butacas del cine. Bajo las viviendas y ocupando la curva que ofrecía la esquina evitando de esta forma ser tan precipitada, se dio entrada al local de espectáculos cinematográficos, dejando el acceso a la sala de fiestas en la calle de López de Hoyos, justamente debajo del patio de butacas.

Alzado continuado a las calles de López de Hoyos c/v a Arturo Soria.

El edificio se construyó con estructura de hormigón armado salvo la cubierta del patio de butacas para la cual se utilizó una estructura de cerchas de hierro y planchas de “Uralita”. En sus fachadas eran de ladrillo visto solo adornado por paños de “Gresite” gris bajo los huecos de ventanas. Sobre la entrada del cine se colocaron dos marquesinas de hormigón armado con cierto aire racionalista y que enmarcaban el espacio destinado a las carteleras.  Debido al desnivel existente en la calle, la entrada estaba precedida de varios escalones tras los cuales y atravesando las grandes puertas de cristal encontrábamos el vestíbulo. Este era muy alto, adornado con sencillez; toda la entrada era una gran escalinata en curva que desembarcaba en un espacio de encuentro con las escaleras que accedían directamente al entresuelo y que el arquitecto había colocado estratégicamente para realizar un desalojo muy rápido y ordenado.

Inédita imagen de la entrada al cine Ciudad Lineal en su primera época poco después de su inauguración.

En esta planta estaban los aseos de señoras, dejando los de caballeros en el sótano junto a la caldera de calefacción y el clima artificial de refrigeración. El resto de la planta baja estaba ocupada por un largo corredor que iba ascendiendo para conseguir alcanzar la entrada a las localidades más alejadas de la pantalla y que desembocaba en otra escalinata de acceso al entresuelo, y en una puerta de salida en caso de emergencia a la calle posterior. Se accedía al interior del patio de butacas por medio de tres grandes huecos de dos hojas, cada uno se habían situado lateralmente. En la parte posterior junto a la última fila, una cuarta puerta daba salida directa a la calle posterior de Vicente Muzas.

Anteproyecto de la planta baja del cine Ciudad Lineal, sobre él se realizaron  algunas pequeñas modificaciones.

El pasillo que estaba junto al vestíbulo de entrada y que iba dando entrada a las diferentes localidades. Al fondo la puerta de acceso a las escaleras del entresuelo.

El arquitecto puso especial cuidado en la distribución de las escaleras de acceso al piso alto, creando varios grupos de peldaños separados por vestíbulos, lo cual confería una subida menos pronunciada y más agradable para el público.

El patio de butacas, que tenía un pronunciado desnivel hacia la pantalla, estaba recorrido por un gran pasillo central y otros dos laterales. Las paredes tenían un alto friso de dos metros de madera, dejando el resto de los paramentos verticales entelados. Rompían la amplitud de estos altísimos paños los plafones de iluminación que reforzados por las lámparas ocultas tras las molduras de escayola en el techo del entresuelo y principal inundaban de luz la sala. Los suelos estaban cubiertos de “sintasol” grisáceo y sobre él 741 butacas que componían el aforo del patio, estas eran muy cómodas, construidas con tubo metálico y asiento abatible. Los techos tenían grandes molduras escalonadas que escondían la iluminación y las salidas de ventilación, confiriendo al local una decoración muy moderna.

Un aspecto del conjunto del patio y entresuelo del moderno cine Ciudad Lineal.

El patio de butacas se estrechaba hacia la pantalla, teniendo en su fondo 20,50 metros y en la parte opuesta, a la de la pantalla 16,20 centrando todas las miradas de los espectadores a ésta. La pantalla se elevaba aproximadamente un metro sobre el suelo y ocupaba de lado a lado del local marginándose lateralmente únicamente por los cortinajes y, superior e inferiormente, por tableros retroiluminados que embellecían e iluminaban el escenario.

La pantalla vista desde las últimas localidades del patio.

Anteproyecto de la planta primera del local, obsérvese su funcional esquema.

El acceso a la planta superior se realizaba como hemos indicado antes por dos tiros de escalera, uno situado a la entrada de la sala junto a la puerta principal y otro al fondo del gran pasillo distribuidor junto a la calle posterior. Ambos desembocaban en un amplio vestíbulo desde donde se accedía al entresuelo. En esta planta además había aseos para caballeros y señoras, y una amplia barra de bar que se había instalado en uno de los rincones del vestíbulo quedando enfrentada a uno de los dos huecos con escaleras que daban acceso a las restantes 453 localidades conformando un total de 1.194 butacas. La decoración era idéntica a la del patio, frisos de madera y paredes enteladas. Al fondo, y tras la última fila, había varias ventanas de ventilación directas a la calle de Vicente Muzas, mientras que la cabina volaba sobre éstas un piso más arriba.

Un aspecto del amplio entresuelo, sobre las últimas filas la cabina de proyección.

Sin duda alguna era un excelente local de proyecciones, muy confortable, seguro y moderno, contaba con todos los sistemas de extinción en caso de incendio, extintores y bocas de riego, iluminación en escaleras y unos accesos inmejorables.

Junto a los aseos masculinos de la primera planta había una puerta por la que se accedía a una escalera de servicio que subía dos plantas hasta llegar a la moderna cabina de proyección. En este piso se encontraba el cuarto del proyeccionista, un aseo, un pequeño despacho y la cabina de proyección donde se habían instalado dos modernos proyectores marca Wextrex de 35 mm.


Un aspecto del entresuelo completo. Obsérvense algunos detalles como la escalera que accedía a la cabina tras las últimas filas, o el gigantesco espacio triangular desocupado tras la pantalla.

Alzado posterior a la calle de Vicente Muzas, tres de las puertas eran de desalojo del cine, la cuarta era de la sala de fiestas.

El cine se inauguró en 1961 como sala de primer reestreno con llenos en todas las sesiones. La zona era ideal para la instalación de un cinematógrafo por dos fundamentales razones: la creciente población en la zona y falta de este tipo de equipamientos en las cercanías.

Funcionó continuadamente durante muchísimo tiempo. En él además se dieron mítines políticos en los años 70. Sufrió algunas pequeñas reformas pero conservó su aspecto inicial hasta el final de sus días. Cerró en el año 1994 con la película Aladín en cartel. Es en este momento fue cuando sufrió una importantísima reforma para trasformar el antiguo entresuelo en dos salas, dejando espacio en la planta calle para otro negocio. Su fachada fue desfigurada cediéndose casi en su totalidad al local comercial que ocuparía la planta baja, y construyendo una entrada para las salas de cine junto al espacio que anteriormente había ocupado la taquilla.


Dos aspectos de la fachada del inmueble en los primeros años 2000.

La reforma duró algunos meses y consistió en crear un acceso a partir de la antigua escalinata de entrada al piso superior. Desde el ya modernizado vestíbulo de entresuelo se accedía por medio de las antiguas entradas a las localidades dando acceso a dos salas independientes, una de ellas con una extraña fisonomía ya que tenía un pilar que hacia disminuir sustancialmente el número de localidades. Conformaban un total de 343 modernas butacas las dos salas. El cine se inauguró en 1994 y funcionó con una selecta programación de estreno. La vida de los cines Ciudad Lineal fue efímera, funcionaron escasamente 12 años; en marzo de 2006 fueron clausurados y desde entonces no se ha realizado ningún tipo de reforma en el local. Su fachada fue tapiada para evitar daños y tan solo queda como vestigio del pasado sus taquillas y sus carteleras que hoy solo exhiben polvo. Su futuro es incierto, ya que ocupan las plantas altas del cubículo que se construyó anexo al edificio principal, con lo cual es complicado darle otro uso. Tal vez haya una próxima resurrección.

Aspecto actual de la triste fachada de los clausurados cines Ciudad Lineal.

Recuerdos del cine Ciudad Lineal
“El cine Ciudad Lineal era el cine de mi barrio, es más, diría que el cine de mi vida pues su inauguración coincidió casi con mi nacimiento. Como a todos nos pasa hay ciertos lugares que están ligados a nuestro desarrollo como personas y por eso los tenemos un especial cariño.

Yo iba al cine los martes que era cuando libraba mi padre. Me iban a buscar a la puerta del colegio; era el único día, el resto bajaba con mi hermano o volvía solo, y después entrábamos al cine. Esto sería sobre el año 1968 ó 69.

Era de sesión doble continua. Tengo el recuerdo que en los primeros años subíamos al entresuelo, imagino que por ser más barato. Mi madre me traía el bocadillo y una botella de plástico blanca con agua y cierre como el de las gaseosas. En ocasiones me compraban palomitas que las vendían en bolsas de plástico (no se hacían en el momento como ahora). Siempre me quedaba con ganas de una especie de Toblerone, que eran unos chocolates rectangulares rellenos con mermeladas de frutas. Venían como 6 porciones que podías partir y comer de forma individual. Los envoltorios eran  fotos de paisajes alpinos ciertamente bonitos (creo que nada tenían que ver con Suiza).

La parada 10 con sus kioscos vista desde Arturo Soria. El cine Ciudad Lineal quedaba a la derecha. Óleo de Rosim 

El bar estaba en la planta alta y sobre la barra, a mano derecha, tenían una especie de jaula donde tenían las palomitas y las patatas fritas.

Los asientos eran de skay rojo. Tenían un tacto rugoso que hacía el propio plástico. Eran irrompibles, duraron años (todos que yo recuerde), muy duros e incómodos, pero lo peor era en verano pues daban mucho calor.

El cine y su entorno era uno de los puntos de atención para todos los chavales del barrio. La cartelera ocupa toda la fachada del cine y se colocaba sobre él la marquesina. En la calle López de Hoyos ponían los grandes lienzos para la semana siguiente, y desde la esquina hasta las taquillas, en el lado de Arturo Soria, los de las películas que estaban echando, de tal forma que corrían de izquierda a derecha las pinturas todos los lunes.

El otro punto donde nos parábamos todos los lunes era en las fotografías que ponían de la película. Se trataba de un marco dorado muy grande que estaba embutido en la pared del cine, en la fachada de López de Hoyos. Ponían 15 fotografías de las películas, las 3 primeras de arriba era de la película “B”, y las otras doce de la película principal. El fondo era un terciopelo granate y la verdad que quedaba muy aparente.

Además en la plazoleta se instaló el primer kiosco moderno de periódicos del barrio, y en la esquina de Vicente Muzas había una gran tienda que era juguetería, tienda de deportes y armería; vamos, todo lo que nos encandilaba.

Hacía 1975, con ocasión de la película Terremoto y otras similares, el cine fue dotado con el sistema de sonido sensoround, aunque tengo que confesar que había salas con mucho mejor sonido en Madrid. También en esta reforma fueron quitadas un par de filas que estaban demasiado cerca de la pantalla.
Fue en está época cuando el cine fue calificado de “riguroso re-estreno”.

La primera película que recuerdo es "Sor Yeyé", sobre el año 1968. Lo vi con mi madre, mi hermana y alguna amiga suya. Era un sábado y nos sentamos en el patio de butacas, como en la fila 6, demasiado delante, y recuerdo que lloré pues me asustaba de la cantidad de gente que había (estaba acostumbrado a los martes que casi estaba vacío el cine).

Con mi hermano vi "El regreso al planeta de los simios", después al salir mi hermano me explicó el final de la película y cuanto de cierto puede haber en la ciencia ficción. Desde entonces he utilizado la ciencia para entender este mundo.

Allí vi el primer desnudo, todavía en tiempos de Franco, en la película Marco Antonio y Cleopatra, con Elizabeth Taylor y Richard Burton. Fue uno de esos martes con mi padres, y estoy seguro que miraban de reojo mi asombro al ver un trasero de perfil. Hoy pasaría desapercibido a cualquier niño.

Una tarde de primavera subimos muy pronto al cine Ciudad Lineal, mis amigos Mariano y José, con tan mala suerte que empezó un tormenta con rayos y centellas típica de las tardes madrileñas. Finalmente nos tuvimos que refugiar en una cabina que había en el otro lado de la acera de López de Hoyos. Después vimos "La isla misteriosa y el Capitán Nemo" (1973), con Omar Sharif como protagonista; y una extraña película: "Democracia", un musical que se aventuraba en los tiempos venideros.

Otras veces, nos reuníamos todos los amigos para comentar en secreto y con emoción que nuestros padres habían dicho que en no sé qué película de Janes Bone salía en los créditos una mujer desnuda.

Había una particularidad de esta cadena de cines. Entre el cine Ciudad Lineal y el cine San Blas se intercalaban las películas, de tal forma que una semana estaban en el primero y a la siguiente en el segundo. Cuando no nos dejaban pasar a ver las "calificadas para 18” en el Ciudad Lineal, junto a mi amigo cogíamos el autobús 70 y nos íbamos al San Blas a probar suerte, casi siempre lográbamos pasar.

También recuerdo que fuimos a ver "El exorcista". El lleno fue total. Lo malo es que a la mañana siguiente tuvimos que madrugar mucho para irnos de caza con los padres de Mariano y José, y todos teníamos unas ojeras impresionantes de haber dormido poco por la dichosa película.

Posteriormente, cobijado por mi hermana y mi cuñado, íbamos al último pase a ver películas para mayores, como “La jauría humana” de Marlon Brando.

La última película que vi fue "La historia interminable", todavía siendo una sola sala a la antigua usanza. Cuando hicieron multicines me negué a ir, no quería romper mis recuerdos, y además que consideraba que había “minicines” mejores.

En definitiva, el cine Ciudad Lineal era la estrella más grande del universo de mi barrio, y junto a mi familia y amigos, influyó en mi para ser lo que hoy en día soy.

Mil gracias a todos."

Sala de fiestas
Paralelamente a la apertura del cine, y como era habitual en los locales propiedad de la familia Reyzábal, nace en los sótanos del inmueble una sala de fiestas conocida como el Club Ciudad Lineal. Al local se tenía acceso a través de un gran hueco de dos puertas con fachada a la calle de López de Hoyos y que quedaba justamente bajo el escenario del cine. Desde este vestíbulo, donde además se encontraban las taquillas, descendían dos escalinatas, una a cada lado, destinadas a entrada y salida de público.

Planta alta del Club Ciudad Lineal según el proyecto original.

En la planta alta de la sala, que correspondía al primer sótano, se había realizado un gran hueco al piso inferior desde donde se podía contemplar la pista de baile y el escenario. Alrededor de este hueco, y de forma ordenada, quedaba suficiente espacio para establecer sillas y mesas dando servicio de bar a esta planta una gran barra situada en la parte izquierda con acceso a un almacén. La parte derecha del local estaba ocupada por guardarropía dejando además espacio para los accesos a la planta inferior. A través de tres escaleras se accedía a la planta de segundo sótano, una de estas además comunicaba directamente con una salida de emergencia posterior a la calle de Vicente Muzas.

Segundo sótano o planta baja de la sala de fiestas.

En la planta de segundo sótano se encontraba la pista de baile a la cual se podía acceder a través de varias escalinatas ya que se encontraba un poco más profunda que el resto de la sala. Todo el perímetro de ésta estaba rodeado de una moderna barandilla metálica con tableros de madera, idéntica a la del balcón del primer piso. Al fondo se encontraba el escenario elevado del resto desde donde a través de una pequeña portezuela se accedía a los camerinos construidos tras éste. Frente al escenario, en el otro extremo de la sala, estaban los servicios para caballeros y señoras. El resto del espacio se hallaba ocupado por sillas y mesas al igual que la planta alta.

Sección longitudinal de las salas de cine y espectáculos Ciudad Lineal.

El Club Ciudad Lineal, al igual que el resto de los locales de la cadena, contaba cada noche con música en directo, actuando normalmente dos orquestas que amenizaban las tardes y noches del local.

Publicidad de las salas Reyzábal

“Los Atómicos” en el Club Ciudad Lineal.

La decoración era muy básica pero de calidad, suelos de “Terrazo”, escaleras de piedra artificial, barandillas de hierro con tablero de aglomerado, paredes pintadas, enteladas o con friso, y columnas decoradas con “Gresite” en tonos grises. Todo muy funcional y evitando en mayor manera la utilización de materiales combustibles.

La sala funcionó simultáneamente al cine, haciendo parones para reformarse y adaptarse a los nuevos tiempos; originalmente fue el Club Ciudad Lineal, después se reformó y comenzó a tomar más aspecto de discoteca modificando su decoración y haciendo cada vez más oscuro el espacio. Se llamó City en los años 80; y más tarde, ya en los 90, comenzó su andadura más polémica y fructuosa con el nombre de “Die Maüer”, “el muro” en alemán en honor a la caída de éste, inaugurándose en 1992 con el local completamente remozado. Era muy característico y peculiar en esta sala el aseo, ya que contaba con una zona mixta, donde se establecieron unas mesas de agua dejando los retretes por separado.

Una imagen de la entrada al local en la calle López de Hoyos.

Durante este periodo y en el trascurso de los años posteriores, fundamentalmente en 1994, se realizaron varios desalojos y clausuras del local por superar su aforo, cuando en su interior se encontraban cerca de 1500 personas siendo la capacidad de éste de 478. A mediados de 1994 la sala cierra por reforma, y es entonces cuando se realizan las obras de acondicionamiento del cine, y la apertura en la planta baja de la tienda restaurante Vip´s.

La sala de fiestas reabre a finales del año 94 con idéntica fisonomía pero habiendo modificado algunos detalles en prevención de siniestros, además de añadir unos aseos en la planta superior.


En 1995 se llamó Virtual Sound y después The Wall, continuando su trayectoria algunos años más hasta que las quejas de los vecinos por los continuos ruidos y trifulcas que ocasionaba acabó con la discoteca.


Dos aspectos de la entrada a la discoteca Virtual Sound en los años 90.



Dibujos de ambos lados de la pista de baile en el periodo que se llamó Virtual Sound.


Después de algunos meses cerrado se hace una radical reforma en la que se divide en dos plantas completamente independientes. Se convirtió en un restaurante de comida española del grupo Vip´s, “La Ñ” pero no funcionó, y poco después se trasformó en un nuevo restaurante, en este caso italiano, “Pizza Nostra” borrando para siempre cualquier rastro del Club Ciudad Lineal.

El inmueble a finales de los años 90 ya reconvertido en el restaurante “La Ñ”, “Vip´s” y los multicines Ciudad Lineal.
   

Lo que fue la entrada a la sala de fiestas hoy convertido en un restaurante italiano y la entrada a la tienda Vip´s antiguo acceso al cine Ciudad Lineal.

Vista aérea del inmueble en la actualidad donde se aprecia el amplio tejado de lo que fue el patio de butacas del Cine Ciudad Lineal.
-.-.-

Autores: David Sánchez y Ricardo Márquez (parte Recerdos).

En este blog también colabora: José Manuel Seseña.


Nota:
Este artículo se trata de una realización conjunta y se publica a la vez en Historias Matritenses, Historias Cinematográficas, Un paseo por la Ciudad Lineal y ¿Dónde están los cines de Madrid?.