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sábado, 8 de abril de 2017

Una casa para don Manuel González y González. 1ª Parte.

Hace algunos años ya, se puso en contacto con Ricardo Márquez (Historias Matritenses) y con un servidor, una persona que casualmente aparecía en una de las fotografías actuales que yo publiqué en mi libro “Un paseo por la Ciudad Lineal”.

Esta persona resultó ser un familiar, quizás de una forma un poco indirecta, de los propietarios de uno de los edificios más famosos de nuestra querida Ciudad Lineal, Villa Sotera. Un edificio no muy grande que se reprodujo años y años en libros sobre la materia, y que con un pie equivocado de foto, nos dejaba perdidos sobre su ubicación. Muy posiblemente, no la hubiéramos descubierto fácilmente si no hubiera sido porque el azar, hizo que llegase hasta nuestros días, trasformada e intacta, dejándonos un maravilloso vestigio de la ciudad del porvenir, la Ciudad Lineal.


Por todo ello este post, va dedicado especialmente a Concha Chaves, Javier de Miguel, Ricardo Márquez, Antonio Sánchez Acereda y a toda esa gente que ha depositado su granito de arena a través de Historias Matritenses en Facebook. Gracias a todos.  

El solar donde Manuel González mandaría construir esta vivienda, se encontraban en la manzana 98 de la Ciudad Lineal, concretamente en la calle transversal del Vizconde de los Asilos, lotes F, 9 y 10, a 100 metros de la calle de Arturo Soria. 

En el año 1902 según los más antiguos documentos de la Compañía Madrileña de Urbanización el terreno en cuestión era propiedad de don Francisco Fuentes, al parecer un famoso productor y actor teatral de la época.

Las escrituras se firmaron el día 1 de agosto de 1903 ante el notario D. Federico Planas, entre el vendedor D. Francisco Fuentes y el comprador D. Manuel González y González de profesión contratista de obras, de un solar libre de cargas, en un paraje denominado el Carrascal, en el término municipal de Canillas, por la suma de 200 pesetas.  Se llevó al registro de Alcalá de Henares el 21 de noviembre de 1903, y quedo finalmente registrada el 1 de diciembre de ese mismo año.


Plano de C.M.U en el que se muestra la parcela a nombre de don Francisco Fuentes. (Planos propiedad de la C.M.U.)

En el año 1920 hay una nueva anotación en el registro en el que se inscribe como obra nueva, pero según los propios descendientes afirman,  la casa se levantó antes de 1905, y aún hay más datos que lo corroboran, la propia C.M.U. exhibía la única imagen que todos conocemos en su revista por primera vez en 1912.

Textualmente la anotación decía lo siguiente:

Finca Urbana, hotel de dos pisos o plantas, buardilla, jardín, situado en el término de Canillejas, sitio El Carrascal, con fachada a la calle de Vizconde de los Asilos, manzana noventa y ocho de la Ciudad Lineal, en las cercanías del Barrio de la Concepci´pn. a dosciento cincuenta metros al este del Camino de la Cuerda. La figura del solar es un paralelogramo rectángulo y los linderos del hotel y jardín los siguientes: Al Noreste en rectángulo de cuarenta metros con más terrenos de la Compañía madrileña de Urbanización, al Sudeste en recta de veinte metros , con la calle de Vizconde de los Asilos, al Sudoeste en recta de otros cuarenta metros en solares de D. Estanislao Zuazoy al Noroeste con más terrenos de la Compañía Madrileña de Urbanización. La superficie que ocupa es de ochocientos metros cuadrados, equivalentes a diez mil trescientos cuatro pies cuadrados. Valuado dicho hotel y jardín en veinticuatro mil pesetas.



El hotel de D. Manuel González y González (fotografía invertida) y planos de planta originales.(Revista "La Ciudad Lineal")

Lo que está claro es que hasta la fecha de 1903 la casa no estaba construida, y fue el propio Manuel González el que encargó a su cuadrilla la construcción de este magnífico inmueble.



Imagen tomada desde las oficinas de la CMU en la primera década del siglo pasado en la que se ve el edificio.
(Revista "La Ciudad Lineal")

En varias notas publicitarias aparecidas durante los años 10 del siglo pasado se anuncia como maestro albañil, y contratista de obras con sede en su casa de la calle Vizconde de los Asilos. Posiblemente muchos de las viviendas de la C.M.U. fueran construidas por él, ya que la Ciudad Lineal era una ciudad que se abastecía de sí misma y contaba con toda clase de profesionales, pero eso no lo podemos garantizar.


Recorte de prensa referente a la empresa que poseía don Manuel. 

El edificio de acertada construcción no era una vivienda muy grande, y era ideal para una familia de clase burguesa, por norma general se realizaban de la misma forma tal y como se detallaba en los catálogos de la Compañía:

Tipo nº 6
            Casas burguesas económicas de dos alturas, construidas en ladrillo con muros de un pie y medio de espesor en las dos plantas, altura de techos 3 metros en baja y 2,80 en principal, forjados de madera y cascote, armaduras del tejado a dos o cuatro aguas, canalones y bajadas en zinc. Las escaleras eran de madera con barandilla de hierro, paredes blanqueadas, piso de baldosín hidráulico blanco y rojo, retrete con taza de hierro esmaltada con todos sus servicios, cocina económica con horno y depósito para agua caliente, fregadero con agua corriente, ventanas de dos hojas y puerta además con rejilla de hierro. Cuando se construían azoteas, el forjado era de hierro en forma de doble “T” con rasillas, enlechado de cemento y solado de baldosín catalán. Además se colocaban pilastras de ladrillo que sujetaban barandas de hierro, para antepechos de dicha azotea, estas computaban como cualquier otra planta.

A este generis había que sumarle que a este inmueble se le añadió una terraza-porche en la planta inferior y un gran mirador construido en hierro y cristal prensado sujeto por unas esbeltas columnitas del mismo material que apoyaban en la terraza del piso inferior.
La propia Compañía comenzó a comercializarlo como modelo-tipo 6B aunque no hay datos acerca de una construcción idéntica.




Alzado y plantas del modelo 6B de la C.M.U.  (Dibujo realizado por el autor de este blog)           

Melliza pero no gemela se levanta otra vivienda en la calle de Juan Pérez Zúñiga, en la manzana 93, lotes I, 2 y 3 que tenía idéntica fisonomía a simple vista, pero en realidad era más grande, escasamente un metro más de fachada, ¿alguien se atreve a jugar a las diferencias a simple vista? Pues sí, la única diferencia apreciable era que en la galería de cristales contaba con un hueco más, salvando esta diferencia y la tapia y verja del cerramiento las viviendas eran idénticas.

 

Comparativa de las dos viviendas observese que el cerramiento tiene dos huecos acristalados más que la original.
(Revista "La Ciudad Lineal")


A raíz de la publicación de la imagen originaria de Villa Sotera en Facebook pareció una imagen cedida por Antonio Sánchez Acereda, y realizada por la su hermana Maricruz a finales de los años 70, en la que se ve el inmueble y nos deja un testimonio vivo de que ese otro edificio también llegó hasta los años 80.


Imagen de la vivienda de Juan Pérez Zúñiga, cedida por Antonio Sánchez Acereda a Historias Matritenses.

Hay incluso más, él nos apunta que en esa casa se rodó la película “Sentados al borde de la mañana con los pies colgando”, film dirigido por José Antonio Betancor y que tenía un reparto de jóvenes que con el tiempo darían sus frutos, Miguel Bosé, Josema Yuste, Enrique San Francisco, Millán Salcedo, Fernando Colomo, e incluso Ana Obregón.  



Varios fotogramas de la película en la que se ve la vivienda de la calle Juan Pérez Zúñiga.



Alzado y plantas correspondientes a la vivienda de la calle de Juan Peréz Zúñiga. (Revista "La Ciudad Lineal")

Al parecer esta segunda vivienda melliza  no tuvo la misma suerte que la originaria y sucumbió en un desafortunado incendio en los años 80 y el edificio fue derribado.





  
Aspecto de la calle de Vizconde de los Asilos.
En primer término la vivienda de Doña Soledad Álvarez, y al fondo Villa Sotera. (Imagen propiedad de Artehistoria.com)

Volviendo a villa Sotera hay que mencionar que el edificio desde su construcción fue coloreado, sus muros de ladrillo exteriores fueron adornados en parte con pintura  blanca, resaltando marcos de puertas y ventanas, cornisas y machones del rojo de la arcilla. El muro de cerramiento y la forja del cerramiento también fueron pintados del mismo modo.





 Maravillosa imagen aerea de parte de la manzana 98 en la que se ve la finca en perfecta armonía con el resto de parcelas vecinas.

Además como edificio anejo una vivienda para el servicio, lavadero y almacén que se construyó en la parte posterior de la finca, y con una superficie aproximada de 84 metros cuadrados.
También poseía un invernadero construido en la parte posterior, un palomar y largos paseos con parterres, árboles frutales y de sombras que se regaban con el agua que se extraía de un pozo y que se almacenaba en un pequeño estanque rectangular que se encontraba en la parte posterior.
Frente a la escalera de servicio que salía desde la cocina existía una gran mesa de piedra a la sombra de los árboles que era el centro de reunión familiar en las veladas estivales.



Dos imágenes aéreas tomadas desde diferentes ángulos en las que se ve claramente a vivienda. (Imagenes cedidas por Ricardo Márquez)

Don Manuel González tuvo dos hijos, ambos heredaron la vivienda a finales de los años 40 tras el fallecimiento del padre, este último se trasladó a vivir allí con su esposa y sus tres hijas.
En este momento el edificio sufrió alguna reforma para adecuarlo a los nuevos tiempos y a sus nuevos habitantes.
Entre ellas destacaríamos la construcción de un garaje con fachada a la calle de Vizconde de los Asilos en el lateral derecho del cerramiento, proyecto que está fechado en 1947. Era una simple construcción de forma rectangular de algo más de quince metros cuadrados con una puerta de dos metros con persiana metálica enrollable para el acceso del vehículo, y con una puerta y ventana lateral, suelo de cemento rayado en el interior y baldosín de ariza rojo en la cubierta. Exteriormente se enfosco a la tirolesa y fue pintado en blanco, al igual que el resto del cerramiento.
También se modificó ligeramente su estructura interna dotándola de un cuarto de baño y retrete más modernos y derribando algún tabique para hacer más grandes algunas de las estancias.


Planos de planta después de la modificación de 1948. (Revista "La Ciudad Lineal")

Los años siguieron trascurriendo y los hijos fueron volando del nido quedando solos en la vivienda el matrimonio. Tras la muerte del padre en 1983 la viuda era ya demasiado mayor para vivir en una casa tan grande y se trasladó a casa de una de sus hijas, quedando el inmueble vacío.


Una imagen aérea tomada en la década de los años 70 donde se ve a Villa Sotera sola entre nuevas edificaciones.
 (Madrid. Espasa Calpe 1977)

Los hijos toman la decisión de comprar la parte proporcional que correspondía a su tía que ya había fallecido y tras esa transacción, y después de largos debates se termina vendiendo a un tercero en el año 1988.


Una de las últimas imágenes de villa Sotera antes de ser reformada en los años 80. (Imagen propiedad de RociArte-RociArte)

Es a partir de este momento cuando se estudia el proyecto de reforma que devolverá la vida al antiguo, y maltrecho hotel de don Manuel González y González.

Continuará...






sábado, 29 de marzo de 2014

¿POR QUÉ ARTURO SORIA?

El próximo lunes 31 de marzo se estrena el corto documental ¿Por qué Arturo Soria?" en la Sala Berlanga, antiguo cine California en la calle Andrés Mellado 53. Dirigido por Antonio Peláez y producido por Amparo de Santisteban, el cortometraje (de 22 minutos) hace un recorrido por la vida de Arturo Soria y sobre todo por su gran obra: la Ciudad Lineal. 
Muchas gracias a Antonio y Amparo por la oportunidad que nuevamente me brindan en este proyecto que seguramente suponga otro éxito en su carrera.


video

domingo, 15 de septiembre de 2013

YO VIVÍ EN LA CIUDAD LINEAL 2ª parte. (José Alberto Lorenzo)



Mi nombre es José Alberto Lorenzo y aunque en realidad mi estancia en aquella ciudad fuese muy corta y efímera jamás olvidaré las tardes de estío que en ella viví.
Corría el año 1942 cuando mis dos hermanos y mi hermana fuimos por primera vez aquella casa de la Ciudad Lineal en la que residía un tío segundo de mi madre, Francisco Ruiz Fernández, al que nosotros llamábamos Paco, con su hermana Josefa (Pepa) ciega desde los seis años y que había quedado al cargo de él tras la muerte de sus padres.   En este menester le ayudaba otra tía de mi madre Consuelo (Telo) a la que nosotros teníamos gran aprecio, por ser una mujer muy simpática y emprendedora, además de progre para la época.
El caso es que en aquel hotelillo en el que los  tíos de mi madre vivían no era de su propiedad sino que residían allí por un acuerdo al que habían llegado con su dueño el que resulto ser José María Jarabo Guinea.

Llegados a este punto y si el lector es fiel a este blog se habrá dado cuenta que esta finca a la que nos referimos era “La Rosaleda”, sita en el antiguo nº 305 de Arturo Soria y a la que dedicamos el capitulo “José María Jarabo, el asesino de la Ciudad Lineal.”
Efectivamente y como relatamos en aquella ocasión la finca situada en la manzana 86 entre las calles del Marques de Urquíjo (Lorenzo Solano Tendero)  y Marques de Torrelaguna (Estrecho de Mesina) fue adquirida por el ilustre abogado don José María Jarabo Guinea en el año 1928 a otro propietario, y fue allí donde la familia paso la guerra civil hasta que en 1940 se trasladaron a vivir a Puerto Rico.

Es en ese momento cuando los tíos de mi madre se trasladaron allí quedando a cargo de la finca debido a que el tío Paco se casó con una viuda que tenía dos hijos, José Manuel y María Teresa, y esta última era la esposa de José María Jarabo, el padre del asesino. Así pues realmente no eran familiares, sino simples amigos que pactaron de mutuo acuerdo que ellos permanecerían en la finca hasta su retorno de las Américas.


El tío Paco y Mª Cañal Texido abuela de José Mª  Jarabo.


Es entonces cuando yo comencé a pasar los veranos allí, desde que era un bebé hasta los ocho años cuando José María Jarabo (hijo) volvió de Puerto Rico y reclamó la propiedad de la finca. Corría el año 1950 y con un poder notarial de su padre José María obligó a las tías Telo y Pepa a abandonar la casa, trasladándose estas a Reinosa de donde eran originarias. En mi estancia en aquella casa no coincidí con Cuqui (era así como nosotros llamábamos a Jarabo hijo) nada más que en una ocasión, cuando se presentó en la finca con dos amigos. El que tendría por aquel entonces veintitantos años, y entraba y salida de la vivienda que en realidad era de su propiedad cuando le venía en gana a pesar de que en ella residían los tíos de mi madre y nosotros que pasábamos con ellos el verano. Subió al desván de la casa con sus colegas y yo les seguí sin que se dieran cuenta, aquella gigantesca habitación estaba llena de juguetes inconcebibles en aquella época, trenes eléctricos, juegos de mesa, e incluso un pequeño organillo. Cuqui se acercó a una de las paredes y sacó uno de los ladrillos de los muros, tras él escondía unos libros y una pistola; yo salí corriendo escalera abajo tratando de olvidar lo sucedido aunque sinceramente no creo que la pistola fuese real.

                              
El famoso Cuqui en octubre de 1940 y el recordatorio de su primera comunión.

Poco después de aquel suceso mi familia abandono la casa y no supimos más de él hasta que nos enteramos del múltiple asesinato a través de las noticias. Antes de su ejecución su madre volvió a España y paso unos días en casa de mis padres. Ella siempre negó que su hijo fuese un asesino, pero él mismo lo confesó. Tras su muerte su madre encargó unos recordatorios y volvió a Puerto Rico, nunca jamás tuvimos más noticias de ellos.

                      
   Recordatorio de defunción de Cuqui.

Aquí acaba la historia de Jarabo pero no la mía, ya que durante los ocho años que yo pasé en aquella casa disfruté de algo muy especial y que jamás podré olvidar.

 
  Maravillosa imagen de la casa en construccion incluida en la coleccion de postales publicadas por la CMU. 
Obsérvese el detalle del error tipográfico de la manzana cuando en realidad era la 86.
Imagen cedida por la Coleccion KLUMPCOL 


Recuerdo perfectamente la finca, con su gran puerta de hierro y el numero 305 esmaltado en color azul y blanco. A la derecha quedaba el garaje, y la izquierda la casa de servicio que en aquella época estaba deshabitada. Junto a la casa de servicio existía un corralito con alambrada en el que había varios edificios destinados a conejeras y gallineros. Un largo pasillo adoquinado conducía al visitante hasta una preciosa rotonda donde se había plantado una palmera, a ambos lados multitud de arboles, plantas y flores que formaban macizos remarcados por una preciosas piezas de cerámica de colores. Al fondo entre la vegetación se levantaba la casa, de dos plantas y con un precioso porche de entrada.


Impresionante imagen de la finca la Rosaleda antes de ser propiedad del Sr. Jarabo allá por los primeros años veinte.


       
Dos aspectos del jardin. Se parecia el detalle de la plazoleta que rodeaba a la gran palmera y un aspecto de la casa, observeseen la imagen  que el balcon del piso principal que era originalmente de madera fue sustituido por otro de hierro más resistente.

Una escalinata con barandilla de madera daba paso al gran porche que daba entrada a la casa, estaba solado con baldosín de colores y resguardado bajo un tejadillo.  La casa era verdaderamente grande, más aún cuando uno es tan pequeño. Traspasando la puerta de entrada se encontraba el hall desde donde partían todas las dependencias de la casa, y al fondo las escaleras. El gran salón comedor era la zona más misteriosa y privada de la casa, allí no pasábamos casi nunca, recuerdo una gran mesas de comedor y un gramófono de bocina en uno de sus laterales.


  

Han pasado casi setenta años pero aún recuerdo aquella escalera y a mi perrillo que terminó enterrado en el propio jardín de la casa.



La planta superior estaba dividida en cuatro dormitorios, un espacioso cuarto de baño y un gran armario ropero. Yo dormía junto a mis hermanos en la habitación que quedaba sobre la puerta de entrada y que en realidad servía de paso para el resto de las dependencias. En realidad yo era muy pequeño y no recuerdo perfectamente la distribución de la familia pero sí que mis tías dormían en el dormitorio más grande, el del balcón y en el no entré más de dos o tres veces. En la planta superior se encontraba la buhardilla que fue donde ocurrió la anécdota de Cuqui y que ya os he relatado.


Casi todo el tiempo que yo pasé en aquella casa trascurrió en aquel maravilloso jardín en el que corríamos y trasteábamos. La parte trasera de la finca colindaba con un inmueble que en tiempos había sido el colegio de María Teresa y donde la hermana de Cuqui y el mismo habían cursado sus estudios de primaria e incluso tomado la primera comunión. Tras en el inmueble se estableció Auxilio Social, donde se educaba y recogía a centenares de niños que habían quedado huérfanos tras la contienda. Batalla de Brunete fue el nombre que adopto este refugio y donde cada día centenares de niños salían al recreo a jugar con una cochambrosa pelota. Mis hermanos y yo les mirábamos  desde lo alto de la tapia, todos iban ataviados con uniformes y su cabeza estaba muy escasa de pelo. Cuando nos veían y a espaldas de los profesores y tutores nos arrojaban piedras seguramente por envida de aquellos juguetes que lucíamos, e incluso en alguna ocasión vimos cómo les “sacudían” por desobedecer sus órdenes. Un día el maltrecho balón voló sobre la tapia y cayó en el jardín, mis hermanos y yo nos quedamos parado y confusos, mi hermano sin pensarlo chutó la pelota y volvió a traspasar la barrera que nos separaba. Al momento una enorme algarabía nos dio las gracias por la devolución y además nunca más nos volvieron a arrojar piedras.

Patio de recreo y algunas de las clases de la parte posterior del Auxilio Social Batalla de Brunete. En el margen superior izquierdo se ve al tranvía circulando por la calle principal, y la parte inferior era la que colindaba con la finca la Rosaleda.

También recuerdo el haber ido con la familia a comer al bar “La Juanita” que se encontraba muy cerca de nuestra casa, en la misma calle del Marqués de Torrelaguna esquina con el camino de la Cuerda y donde degustábamos unas maravillosas paellas.

Cuando mis tías salieron de aquella casa ni yo ni mi familia volvimos a pasar por allí.




Las tias Telo, Pepa y Teresa en Reynosa.

Despues pasó el tiempo y las tias que habían vuelto a Reynosa fueron falleciendo. Olvidé aquella casa durante muchísimo tiempo y no fue hasta los años 70 cuando trabajaba en las cercanías cuando me decidí a acercarme hasta allí para ver si aún seguía en pie. Efectivamente el edificio estaba allí, y no pude resistir llamar al timbre para intentar ver la finca. Al contrario de lo que el lector podría pensar atendieron a mi llamada y es más, me invitaron incluso  a pasar y visitar la vivienda. Todo parecía estar en su lugar, el tiempo se había detenido en aquel chalet de mi infancia. La casa se había reformado, al parecer el propio Cuqui había encargado una reforma completa de aquella casa antes de que se la embargaran.


Lo más llamativo y horrendo de aquella reforma era el baño de la planta principal que había sido alicatado por completo en mármol negro, y en el que su propietario se había gastado una desacertada fortuna. Desde luego aquel día volvieron a reavivarse mis recuerdos. Pensé mucho tiempo en ello pero los avatares de la vida fueron dejándolo en un tercer plano hasta prácticamente olvidarlo.
Los años siguieron trascurriendo y tuve noticias de que la finca se había vendido y la casa derribado, en su lugar un edificio de viviendas borraba por completo mis recuerdos de niñez.
El último contacto con estos recuerdos y además uno de los más intensos llegó no hace muchos años cuando sufrí una aneurisma cerebral de que muy pocos pensaron que me recuperaría. Durante mi estancia en la UCI de aquel hospital y durante más de un mes no dejaba de pensar en mi niñez y en aquella casa que desde luego hizo meya en mi infancia y que jamás podré olvidar aunque ya solo sea un recuerdo.

Hace algunos meses vi el artículo de Jarabo en internet y nuevamente florecieron con más fuerza mis recuerdos que conté al autor de este blog para que todos pudierais disfrutar de ellos.

Mi mas sincero agradecimiento a José Alberto Lorenzo por sus memorias y recuerdos y a Juanjo y Yolanda por su aportación gráfica.